La artroscopia de hombro es una técnica quirúrgica que utilizamos con mucha frecuencia para tratar gran parte de las lesiones del hombro. En este procedimiento alcanzamos la articulación del hombro (“artro”) a través de pequeñas incisiones que denominamos portales, obteniendo la visión a través de una cámara pequeña (“escopia”) de 4 milímetros de diámetro. Además de ver las estructuras dentro del hombro (ligamentos, tendones del manguito retador…) tenemos la posibilidad de palpar directamente y probar la resistencia de estas utilizando el instrumental específico de artroscopia. Esto hace que en ocasiones descubramos lesiones que no son visibles en la resonancia y sobre todo nos ayuda a establecer el tipo de rotura y el tratamiento mas apropiado.

Además de ver y diagnosticar estas lesiones, la artroscopia nos permite tratar muchas de las patologías articulares más frecuentes del hombro. De hecho, cada día aumenta el número de intervenciones que somos capaces de hacer por esta técnica, que pertenece a la familia de las técnicas mínimamente invasivas. La artroscopia de hombro en esencia permite realizar las mismas cirugía que hace pocos años se realizaban de manera abierta, pero sin necesidad de hacer incisiones en la piel, desinsertar los músculos que cubren el hombro ni abrir la cápsula de la articulación. Todo esto va a favorecer la recuperación mucho mas rápida, con menos complicaciones y un mejor resultado estético.